La ayuda no es solo para quien juega: una conversación a tiempo puede cambiar toda la temporada, y empezarla está en tu mano.
Elige un momento tranquilo, sin juego abierto y sin reproches, y habla de hechos concretos, no de la persona: las horas que has visto pasar y el dinero que ya no está. Preguntar «¿cómo estás?» abre más puertas que un sermón.
El autotest de esta misma página puede servirte de punto de partida: léelo juntos y deja que responda quien debe responder.
Cuida también tu propio dinero: tapar deudas no frena el problema, lo traslada de bolsillo. La salida pasa por la ayuda profesional, no por préstamos.